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Posts Tagged ‘Gustavo Bueno’

PABLO BATALLA CUETO / CÉSAR IGLESIAS

Xuan Bello, Premiu Nacional de Lliteratura Asturiana 2017, ha publicado recientemente El llibru nuevu (Saltadera, 2017) , Escrito en el jardín (Xórdica, 2017) y pronto verá reeditado en la editorial Saltadera Historia Universal de Paniceiros, libro que ha supuesto su reconocimiento como escritor más allá, mucho más allá, del contexto asturiano. En esta amplia conversación en exclusiva para El Cuaderno, reflexiona sobre la creación artística, la hispanidad integradora o las identidades socioculturales y sus conflictos.

Nunca estuvimos en Paniceiros. Una pena, porque allí se aprende a mirar y sentir el universo. El nuestro y el de los otros. Y esa mirada y ese sentir, que ofrecen amparo para afrontar la intemperie de desabores, nos los trajo Xuan Bello (Tinéu, 1965). Su escritura, su palabra, su estar en el mundo nos ha permitido a sus lectores formar parte de la «resistencia íntima», en palabras prestadas por el filósofo Josep María Esquirol, y alistarnos en sus escuadrones en los que la única condición exigible es comprender al otro, al distinto, al prójimo, y donde sólo ondean las banderas epicúreas de la amistad y la verdad. Esto que sigue acabó siendo algo más que una entrevista, burlando en ocasiones los preceptos de la deontología periodística; un diálogo lleno de requiebros, de idas y venidas, que en su heterodoxia estilística concluye con unos versos en los que el alma poética del recientemente fallecido autor llanisco Pablo Ardisana se instala en la escritura de Xuan Bello. Ésta es una conversación a tres voces que tuvo lugar una mañana invernal en la casa del poeta tinetense, en Caces, parroquia del conceyu de Uviéu-Oviedo, donde más sinuoso se ofrece el río Nalón. Por compañía, el calor en la boca de un mencía berciano y una gata mimosa, Prúa, vocablo con el que los pixuetos, los naturales de Cuideiru-Cudillero, bautizaron al orbayu.

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PABLO BATALLA CUETO

Humberto Gonzali fue profesor de asturiano y es uno de los escritores más prolíficos del Surdimientu, pero también empresario y, en sus propias palabras, «un viejo liberal». Militó en el PP, donde llegó a desempeñar cargos internos e institucionales; pero abandonó la formación en 2015 debido a su incomodidad por la actitud antiasturianista del partido. En esta entrevista, expone sus opiniones sobre el ardoroso debate que se ha desatado en torno a la posible cooficialidad del asturiano, que él apoya sin reservas.

La plataforma Cooficialidad No, vinculada al colectivo Club de los Viernes, a su vez ligado a Vox, asegura que la cooficialidad del asturiano provocaría el surgimiento en Asturias de un proyecto nacionalista de izquierdas inspirado en la izquierda abertzale vasca. Usted, ¿qué opina?
Opino que no es que sea mentira, es que es una broma que nadie puede tomarse en serio. Vamos a ver, para empezar, ¿qué es el Club de los Viernes? Yo creo que decir que son club ya es decir mucho. Se trata de un grupo de conocidos muy pequeño y que yo creo que tienen un problema gordo de aburrimiento. No saben qué hacer y por eso hacen estas cosas. Pero bueno, representan lo que representan. Parte de sus miembros, efectivamente, son miembros de Vox, que es una fuerza de extrema derecha; una formación neofascista: no tiene otra definición. Y a mí, que soy un viejo liberal, me fastidia que estén usurpando la palabra liberal. Son liberales de opereta; o liberales a la manera de cierto Partido Liberal que hay en Austria. El auténtico liberalismo es todo lo contrario de lo que ellos dicen y hacen; y en el siglo XXI es respeto a los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas o, como decimos los liberales asturianos, de los paisanos y les paisanes, porque el término ciudadano nos parece demasiado jacobino.

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PABLO BATALLA

«En 1996 va consiguise la cooficialidá»: quien así hablaba en enero de aquel año era un ufano Xosé Lluis García Arias, a la sazón presidente de la Academia de la Llingua. Corrían buenos tiempos para la causa de la cooficialidad de la lengua asturiana, impulsada entonces por un Pautu pol Autogobiernu y la Oficialidá que el 25 de noviembre anterior había logrado reunir en el centro de Oviedo una manifestación de diez mil personas encabezada por una espectacular centuria de cien gaiteros, 42 tamboriteros y un violinista. Existía por entonces un consenso bastante amplio y transversal en torno a la cooficialidad e incluso algunas personalidades y sectores del PP y del PSOE, tradicionalmente reticentes a la causa de la llingua, mostraban su simpatía hacia la posibilidad de oficializarla. Era el caso del expresidente socialista Antonio Trevín, que se declaraba favorable a una reforma del Estatuto que culminase con la oficialidad; del también socialista José Luis Iglesias Riopedre, que reclamaba a su partido que escuchara «a su militancia, porque somos muchos los que apoyamos la llingua, y no plantear posturas cerradas».

La oficialidad, sin embargo, no llegó a aprobarse aquel año. Tampoco el siguiente, ni el siguiente, ni el siguiente. La burbuja asturianista fue deshinchándose por diversos motivos tanto internos (las divisiones y desencuentros que fueron resquebrajando el Pautu) como externos. Entre estos últimos destacó la fortísima presión que un lobby de profesores universitarios antiasturianistas encabezado por Gustavo Bueno y que se hacía llamar Amigos de los Bables (nombre equívoco que camuflaba mal el desprecio que sus miembros sentían hacia la llingua, que ellos decían múltiple para no decir inexistente) ejerció sobre los sucesivos gobiernos para evitar que declararan la cooficialidad. El triunfo arrollador, con un 46 % de los votos, del muy poco favorable Vicente Álvarez Areces como candidato socialista a las elecciones autonómicas de 1999, que supusieron también la salida del Partíu Asturianista de Xuan Xosé Sánchez Vicente del parlamento regional y una merma importante del apoyo a Izquierda Unida, el otro partido más claramente posicionado a favor de la cooficialidad, tampoco vino en ayuda de los defensores de la cooficialidad; y casi veinte años después, el asturiano sigue sin ver equiparado su reconocimiento legal con el de las otras lenguas españolas.

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PABLO BATALLA CUETO

«Bable» no era un término despectivo cuando, a finales de los setenta y principios de los ochenta, Asturias comenzó a llenarse de pintadas que exigían la oficialidad de la lengua asturiana llamándola precisamente así: bable, un término de origen incierto pero que ya se utilizaba en tiempos de Jovellanos. Al «idioma asturiano que allí dicen Vable» se refería Carlos González de Posada en 1794 en sus Memorias históricas de Asturias; y cuando, en 1974, un grupo de escritores decidió asociarse para promover la dignificación del idioma autóctono de Asturias a través de las páginas de la revista Asturias Semanal, fue Conceyu Bable el nombre que dieron a la sección de la que se ocupaban, a través de la cual irían sentándose las bases de la actual norma culta de la llingua, basada en el asturiano central; y que luego se convertiría en una activa asociación. Antes, en 1969, José León Delestal había fundado una asociación llamada Amigos del Bable, y en 1973 una Asamblea Regional del Bable presidida por Emilio Alarcos había plantado la semilla de lo que más tarde sería el Surdimientu: una eclosión literaria en lengua asturiana liderada por Xosé Lluis García Arias, Xuan Xosé Sánchez Vicente y Lluis Xabel Álvarez, quienes más tarde acaudillarían Conceyu Bable.

Hoy, el diccionario de la Academia de la Llingua Asturiana sigue definiendo la voz bable como «asturianu, llingua d’Asturies» y no hace indicación alguna que se refiera a un presunto carácter despectivo; y las ordenanzas que, en algunos concejos asturianos, han ido acercando a la llingua al estatus de oficialidad, suelen referirse a ella con la doble denominación bable/asturiano, tal como también lo hace el Estatuto de Autonomía. Sin embargo, el término fue adquiriendo con el tiempo un carácter despectivo. Es exclusivamente así, bable, como se refieren hoy a la lengua de Asturias -negándole tal condición- quienes se oponen a su dignificación. Tal es el caso del colectivo de agitación y propaganda neoliberal Club de los Viernes, vinculado al partido ultraderechista Vox y que acaba de lanzar una activa plataforma en redes sociales, «Cooficialidad No», que se opone con formas soeces a la oficialidad del asturiano. Por otro lado, colectivos de defensa del asturiano como la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana rechazan explícitamente el uso de la voz bable.

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PABLO BATALLA CUETO

El 15 de diciembre de 1980 nacía por fin una institución que llevaba en estado de proyecto intermitente nada menos que dos siglos, los transcurridos desde que fuera imaginada y propuesta por primera vez por el insigne ilustrado gijonés Gaspar Melchor de Jovellanos: la Academia de la Llingua Asturiana. Vieja reivindicación del, en aquellos años, pujante movimiento asturianista, la Academia se fundaba con el propósito de toda entidad de similares características: limpiar, fijar y dar esplendor a la maltrecha lengua vernácula de los asturianos. Como su primer director se escogía entonces a quien lo sería hasta 2001: el filólogo tevergano Xosé Lluis García Arias, que había sido uno de los principales impulsores del movimiento Conceyu Bable, fundado a finales de los años sesenta para promover la dignificación y recuperación de la llingua y la adquisición de cotas de autogobierno para Asturias. Asistirían a García Arias veinticinco académicos de número y un número indeterminado de académicos correspondientes y académicos de honor, todos ellos seleccionados de entre los hombres y mujeres, asturianos o no, filólogos o no, más distinguidos en los últimos años en su defensa del idioma asturiano. En aquella nómina de amigos de la llingua convertidos en académicos con que la Academia echa a andar en 1980 hay algunos nombres ilustres, pero uno relumbra especialmente, por su enorme prestigio, en el listado de académicos de honor: el del lingüista y catedrático de la Universidad de Oviedo Emilio Alarcos Llorach.

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“No todos los asturianistas respiramos de la misma manera”

PABLO BATALLA CUETO

En el departamento de Ramón d’Andrés hay tres caricaturas de Mahoma —una de Charlie Hebdo, otra del Jyllands Posten y una de El Jueves— enmarcadas y colgadas de la única pared dejada libre por tres estanterías repletas de libros, clasificados con etiquetas que dicen «Surdimientu», «Llatín», «Dialectoloxía» o «Vascu». Por una blasfemia, la de sostener que la lengua de los confines occidentales de Asturias es el gallego, pesa sobre este hombre de ciencia una fetua lanzada hace algunos años por ciertos compañeros de trinchera asturianista, celosos de unos dogmas que D’Andrés no suscribe y cuestiona con montañas de datos estadísticos recabados en un magno proyecto que dirige desde 2000: el ETLEN, Estudio de la Transición Lingüística en la zona Eo-Navia. Por otra blasfemia, la de escribir la primera tesis doctoral en lengua asturiana de toda la historia de la Universidad de Oviedo, fue protagonista en 1987 de otra famosa fetua lanzada por un ilustre muftí: don Emilio Alarcos Llorach, ya por entonces inmerso en una ardiente cruzada antiasturianista. Por otra blasfemia más, ser jefe de la Oficina de Política Lingüística del segundo gobierno Areces, y considerar digno de su esfuerzo y su alegría cualquier avance, por limitado que sea, en el camino de la normalización de la llingua, es también persona non grata en ciertos cenáculos. Nada define mejor, en cualquier caso, al hijo del escritor Mánfer de la Llera que su producción bibliográfica, en la cual estudios sobre el léxico minero asturiano, el neutro de materia, el uso de non y nun o la influencia eusquérica en las jergas gremiales asturianas se alternan con obras más divulgativas en las cuales desmonta uno por uno todos los argumentos que emplean los contrarios a una oficialidá que él defiende sinceramente recordando a la vez que no es una panacea automática y que el trabajo de recuperación lingüística debe hacerse día a día y nada o casi nada impide hacerlo dentro del marco legislativo actual.

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A Xosé Lluis García Arias le gustaría que la normalización de la lengua asturiana dejase de ser el mito de Penélope, un eterno y frustrante tejer y destejer, pero no es muy optimista al respecto. Sobre el particular tiene mucho que decir: fue fundador y primer presidente tanto de Conceyu Bable como de la Academia de la Llingua Asturiana, al frente de la cual estuvo hasta 2001. De ella, de la Academia, es casi lo único de lo que habla con satisfacción y un rictus de orgullo este hombre que rezuma amargura cuando se le pregunta por prácticamente todo lo demás y sobre todo acerca del trato dispensado a la llingua por todos los gobiernos asturianos, salvo el de Antonio Trevín y el de Sergio Marqués. Arias ha consagrado su vida a la recuperación y dignificación de la lengua de lo que considera su país, aunque no aspire a su independencia. Además, es una eminencia de prestigio internacional a la cual se debe, entre otros muchos trabajos, uno monumental sobre la toponimia asturiana, Pueblos asturianos: el porqué de sus nombres. Está a punto de jubilarse, porque nació en 1945 en Monteciel.lu, que significa “monte pequeño”, en Teberga, que significa “pueblo fortificado”, en Asturies, que no está del todo claro pero es posible que signifique “país de las aguas”. Arias nos recibe gustoso en su despacho de El Milán para una entrevista de unas tres horas que, a diferencia de lo usual, tendrá, al ser transcrita, pocas negritas destacadoras de nombres propios, porque la lengua, a diferencia de los objetos del interés de otros humanistas, es una obra de arte sin copyright; una acumulación silente del genio de millones de personas anónimas.

Hace unos días publicaba El Comercio la noticia de que, en los colegios concertados asturianos, los alumnos que eligen la asignatura de llingua asturiana son minoría con respecto a los que escogen la alternativa de Cultura Asturiana. Sus madres, según explica el reportaje, consideran el asturiano un saber “poco competitivo”. ¿Qué les respondería?
Yo no tengo nada que responderles. El otro día también decían unos dedicados a la cuestión informática que por qué tenía ser el asturiano y la cultura asturiana una asignatura optativa, que por qué no se podía poner al mismo tiempo el aprendizaje de cuestiones relacionadas con los ordenadores. Cuando no se hace política lingüística, cuando no hay ni intención ni voluntad de hacerla, cuando la Administración del Principado pone las complicaciones que pone, pasa eso: que el personal se cansa, abandona el proceso de posible recuperación lingüística y entonces hay que hacer de cada habitante de Asturias un militante, lo cual no es posible.

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