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Posts Tagged ‘Tsibros de Frou’

PACO ÁLVAREZ

Profesor y historiador de la lliteratura asturiana, editor, poeta, narrador, traductor, antólogu, articulista, críticu lliterariu… Menos el de dramaturgu, tolos oficios emparentaos coles lletres asturianes conozlos de primer mano esti cuartanu, llicenciáu en Filoloxía Española pola Universidá d’Uviéu, onde exercía como profesor asociáu de Lliteratura Asturiana hasta que nel branu de 2019 asumió la Dirección Xeneral de Política Llingüística. Antón García Fernández (Tuña, 1960) fundó y dirixó tres editoriales, y ye ún de los autores más nomaos de la segunda xeneración del Surdimientu: ganó los premios de poesía Xuan María Acebal con Ferralla y Teodoro Cuesta con Venti poemes, llogró’l Xosefa Xovellanos de novela en tres ocasiones, coles obres El viaxe, Díes de muncho Crónica de la lluz y la solombra. Nesta entrevista en Nortes fai un repasu del primer añu y mediu al frente d’un departamentu que yá dirixó ente 1988 y 1991, nel Gobiernu de Pedro de Silva.

A la edá de 23 años creó la editorial Tsibros de Frou. De toles sos facetes nes lletres asturianes, la más tempranera foi la d’editor, ¿non?

Sí, cuando tenía diecisiete años di les vacaciones nes oficines d’una empresa de la construcción. Recibí por ello un sueldu pequeñín y gastélu tou en sacar una revista de les que se facíen daquella en fotocopies, un fancín que se llamaba Criterios y que llegó hasta’l númberu ocho. Dende que m’alcuerdo tengo vocación d’editor, de promotor de publicaciones. Participé nos entamos de la tertulia Óliver, onde editamos una revista. Tamién na revista Adréi. Depués tuvi les editoriales Tsibros de Frou, Trabe y Saltadera, y la revista Campo de los Patos. La d’editor ye la vocación más constante a lo llargo de la mio vida.

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“El asturianismo perdió mucho tiempo y energía en la batalla de o todo o nada”

PABLO BATALLA CUETO

Antón García (Tuña, Tineo, 1960) es uno de esos hombres del Renacimiento bable que lo han sido absolutamente todo en el asturianismo lingüístico. No sólo es uno de los novelistas más señeros y vendidos de la literatura en asturiano, con títulos como El viaxe o la exitosísima Díes de muncho, sino también el fundador de la emblemática editorial Trabe y un hombre inquieto y culto que también ha ejercido como poeta, traductor, crítico y el —dicen por ahí— mejor responsable de la Oficina de Protección Lingüística. Esto último lo fue durante el último Gobierno de Pedro de Silva y ello le costó aciagos enfrentamientos con la Academia de la Llingua, inmersa por aquellos años de presidencia de Xosé Lluis García Arias en un combate implacable contra el colaboracionismo con los gobiernos socialistas de la región. Siempre ha entendido, nos cuenta en una mesa del mítico Café Dólar, que mucho es mejor que un poco aunque peor que todo y que un poco es mejor que nada aunque peor que mucho. Que ese espíritu pragmático haya brillado por su ausencia en el desempeño táctico y estratégico del asturianismo mayoritario explica para él lo desolador que resulta el panorama de la normalización y la dignificación lingüísticas en Asturias cuando se lo compara con el de la vecina y muy envidiable Galicia, donde sí existió una conciencia acusada de los males del maximalismo y en consecuencia los gustavos buenos y los alarcos de allá, que alguno había también en aquellos pagos, no ganaron la partida. No todo es un erial para este flemático tinetense, en todo caso: en las tres horas que dura esta conversación, también hay tiempo para congratularse de la extraordinaria salud de la literatura asturiana y celebrar los hitos de sus sucesivos surdimientos, que Antón García conoce bien.

Nace en Tuña en 1960. ¿En qué familia? ¿Cómo era aquella Tuña?
Un pueblo campesino. Mi familia era campesina en todas sus ramas, y mi padre, que nació campesino, siempre tuvo claro que no quería serlo, e hizo todo lo posible por escapar de ese mundo que él veía con muy poco futuro; empobrecedor y empobrecido. Emigró, estuvo en la Argentina, no le fueron las cosas y volvió justo antes del estallido de la guerra civil. Volvió con la idea de marcharse otra vez, pero ya no se volvió a marchar. Se quedó y trabajó en todo lo que pudo para no ser campesino: desde relojero hasta fotógrafo. Al final se jubiló en una central eléctrica. En cuanto a mi madre, era una ama de casa como tantas de aquella época. Por otro lado tengo un hermano que es cinco años mayor que yo y que fue, en nuestra familia, seguramente el primero que entró en la Universidad. Él abrió camino y yo fui detrás: me vine a Oviedo a estudiar y aquí me quedé; como tanta gente, ya no volví al pueblo.

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